Nueva vida
Introducción
En esta lección queremos que tú, como nuevo creyente, profundices en tu nueva vida y en lo que sucedió en ti cuando te convertiste en un discípulo de Jesucristo y en hijo de Dios. También queremos ayudarte si tienes preguntas o necesitas seguridad sobre este paso que has dado.
Comencemos este camino contigo, sobre tu decisión de seguir a Jesucristo y ser un nuevo creyente. ¡Celebremos tu decisión!
Separación de Dios y arrepentimiento
Antes de conocer a Dios, vivíamos separados de Él.
Romanos 3:23 dice:
«Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.»
Entonces comprendemos que éramos pecadores. Pero, más adelante, en el versículo 24, Pablo continúa diciendo:
«Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.»
— Romanos 3:23-24 (RVR1960)
Ahora puedes estar seguro de que la muerte de Jesús en la cruz pagó el precio por todos tus pecados para que pudieras ser perdonado. Antes vivías apartado de Él, pero ahora Él es tu Padre y tú eres su hijo.
Arrepentimiento
Ahora abordaremos el arrepentimiento. Hechos 3:19 dice:
«Así que, arrepiéntanse y conviértanse a Dios para que sus pecados sean borrados.»
— Hechos 3:19 (NTV)
Entonces, sí, estamos llamados a arrepentirnos.
Pero el arrepentimiento es más que solo cambiar de opinión o cambiar de “equipo”. El arrepentimiento nos llama a un compromiso: cambiar nuestra vida, nuestra forma de pensar y la manera en que actuamos, entre otras cosas.
2 Corintios 5:17 dice:
«De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.»
— 2 Corintios 5:17 (RVR1960)
De eso se trata el arrepentimiento: correr a Cristo, transformar nuestra mentalidad y comprometernos también a cambiar nuestras acciones. Recuerda: eres una nueva criatura. Tienes una nueva vida como creyente, y ahora todo será diferente porque tú también lo eres.
¿Cómo se ve esta nueva vida?
Antes de la conversión
Muchas veces pensamos que nosotros buscamos a Dios, pero no es así, es Dios quien te atrae hacia Él.
Cuando empiezas a sentir un vacío, una sensación de estar incompleto, sientes que algo falta en tu vida, o que simplemente algo no está bien y esa sensación no puede ser llenada por nada más, ni por una persona, un deporte, un hobbie o incluso el dinero. ¡Es Dios llamándote!
¿No fue mi decisión?
Sí lo fue, pero la fe con la que tomaste la decisión fue un regalo de Dios. De hecho, Pablo lo menciona a la iglesia de Éfeso. Efesios 2:8-9 dice:
«Dios los salvó por su gracia cuando creyeron. Ustedes no tienen ningún mérito en eso; es un regalo de Dios. La salvación no es un premio por las cosas buenas que hayamos hecho, así que ninguno de nosotros puede jactarse de ser salvo.»
— Efesios 2:8-9 (NTV)
Así que, aunque no lo entendieras del todo, era Dios obrando, atrayéndote, convenciéndote, animándote y poniendo todo en orden para que finalmente llegaras a Él.
Pregúntate a ti mismo: ¿Qué cosas veo ahora que fueron parte del plan de Dios para atraerme hacia Él?
Durante la conversión
Muchas cosas cambiaron desde que tomaste la decisión de convertirte en discípulo de Jesucristo; fuiste “justificado”. Romanos 5:8-11 dice:
«Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación.»
— Romanos 5:8-11 (RVR1960)
Este pasaje quiere decir que: fuiste absuelto de toda culpa y todo pecado, quedaste libre de condenación y eres perdonado, porque la muerte de Jesús en la cruz absorbió todas tus transgresiones.
Fuiste redimido.
Nacer de nuevo
Probablemente ahora te estés haciendo la misma pregunta que se hizo Nicodemo hace miles de años cuando hablaba con Jesús. Podemos encontrar esta conversación en Juan 3:3-7:
«Jesús le respondió: —Te digo la verdad, a menos que nazcas de nuevo, no puedes ver el reino de Dios. —¿Qué quieres decir? —exclamó Nicodemo—. ¿Cómo puede un hombre mayor volver al vientre de su madre y nacer de nuevo? Jesús le contestó: —Te digo la verdad, nadie puede entrar en el reino de Dios si no nace del agua y del Espíritu. El ser humano solo puede reproducir la vida humana, pero la vida espiritual nace del Espíritu Santo. Así que no te sorprendas cuando digo: “Tienen que nacer de nuevo”.»
— Juan 3:3-7 (NTV)
Es importante comprender que el bautismo no es el medio por el cual una persona recibe la salvación. La salvación es un regalo de Dios que se recibe por la fe en Jesucristo. El bautismo, en cambio, es un acto de obediencia mediante el cual el creyente responde al mandato de Jesús y da testimonio de su fe.
Cuando una persona se bautiza, está proclamando públicamente que Dios ha transformado su vida. Es una manera de decir: «Creo en Jesucristo y he decidido seguirle».
El bautismo también tiene un significado simbólico muy profundo:
- Al ser sumergido en el agua, el creyente representa la muerte y sepultura de su antigua manera de vivir, dejando atrás el pecado y la vida anterior.
- Al salir del agua, representa la resurrección a una nueva vida en Cristo, una vida renovada y transformada por Dios.
Por lo tanto, el bautismo es una declaración pública de fe y un símbolo visible de la obra que Dios ya ha realizado en el corazón del creyente.
Pablo utiliza el bautismo para ilustrar una verdad espiritual profunda: la unión del creyente con Cristo en su muerte y resurrección.
Al recordar tu conversión y las declaraciones públicas que hiciste —o harás— mediante el bautismo, piensa en lo que este acto simboliza. Cuando eres sumergido en el agua, representa la muerte de tu antigua manera de vivir. Así como Cristo murió, el creyente también muere al dominio del pecado y deja atrás su vieja vida.
Cuando sales del agua, representa la resurrección a una nueva vida. Así como Cristo resucitó de entre los muertos, el creyente comienza una nueva vida guiada por Dios, caracterizada por una relación renovada con Él y un deseo de vivir en obediencia.
Por esta razón, el bautismo es mucho más que una ceremonia. Es una declaración visible de una realidad espiritual: hemos sido unidos a Cristo en su muerte y también en su resurrección. Ese es el énfasis que Pablo desarrolla en Romanos 6.
Toma unos minutos para leer el siguiente pasaje de la Biblia.
«Ahora bien, ¿deberíamos seguir pecando para que Dios nos muestre más y más su gracia maravillosa? ¡Por supuesto que no! Nosotros hemos muerto al pecado, entonces, ¿cómo es posible que sigamos viviendo en pecado? ¿O acaso olvidaron que, cuando fuimos unidos a Cristo Jesús en el bautismo, nos unimos a él en su muerte?
Pues hemos muerto y fuimos sepultados con Cristo mediante el bautismo; y tal como Cristo fue levantado de los muertos por el poder glorioso del Padre, ahora nosotros también podemos vivir una vida nueva. Dado que fuimos unidos a él en su muerte, también seremos resucitados como él. Sabemos que nuestro antiguo ser pecaminoso fue crucificado con Cristo para que el pecado perdiera su poder en nuestra vida. Ya no somos esclavos del pecado. Pues, cuando morimos con Cristo, fuimos liberados del poder del pecado; y dado que morimos con Cristo, sabemos que también viviremos con él.
Estamos seguros de eso, porque Cristo fue levantado de los muertos y nunca más volverá a morir. La muerte ya no tiene ningún poder sobre él. Cuando él murió, murió una sola vez, a fin de quebrar el poder del pecado; pero ahora que él vive, vive para la gloria de Dios. Así también ustedes deberían considerarse muertos al poder del pecado y vivos para Dios por medio de Cristo Jesús.
No permitan que el pecado controle la manera en que viven; no caigan ante los deseos pecaminosos. No dejen que ninguna parte de su cuerpo se convierta en un instrumento del mal para servir al pecado. En cambio, entréguense completamente a Dios, porque antes estaban muertos pero ahora tienen una vida nueva. Así que usen todo su cuerpo como un instrumento para hacer lo que es correcto para la gloria de Dios.
El pecado ya no es más su amo, porque ustedes ya no viven bajo las exigencias de la ley. En cambio, viven en la libertad de la gracia de Dios. Ahora bien, ¿eso significa que podemos seguir pecando porque la gracia de Dios nos ha liberado de la ley? ¡Claro que no! ¿No se dan cuenta de que uno se convierte en esclavo de todo lo que decide obedecer? Uno puede ser esclavo del pecado, lo cual lleva a la muerte, o puede decidir obedecer a Dios, lo cual lleva a una vida recta. Antes ustedes eran esclavos del pecado pero, gracias a Dios, ahora obedecen de todo corazón la enseñanza que les hemos dado.
Ahora son libres de la esclavitud del pecado y se han hecho esclavos de la vida recta. Uso la ilustración de la esclavitud para ayudarlos a entender todo esto, porque la naturaleza humana de ustedes es débil. En el pasado, se dejaron esclavizar por la impureza y el desenfreno, lo cual los hundió aún más en el pecado. Ahora deben entregarse como esclavos a la vida recta para llegar a ser santos. Cuando eran esclavos del pecado, estaban libres de la obligación de hacer lo correcto. ¿Y cuál fue la consecuencia? Que ahora están avergonzados de las cosas que solían hacer, cosas que terminan en la condenación eterna; pero ahora quedaron libres del poder del pecado y se han hecho esclavos de Dios. Ahora hacen las cosas que llevan a la santidad y que dan como resultado la vida eterna. Pues la paga que deja el pecado es la muerte, pero el regalo que Dios da es la vida eterna por medio de Cristo Jesús nuestro Señor.»
— Romanos 6 (NTV)
¿Debe haber un cambio?
Sí, definitivamente. Quizás ya hayas empezado a notar este proceso de cambio. A veces, el cambio es más lento de lo que te gustaría, y a veces tropezarás y no actuarás como alguien que ha cambiado. Cambiar y crecer es un proceso que se da al caminar con Jesús, dando fruto y viviendo una vida transformada.
Pero, ¿es este cambio automático? Otra forma de plantear la pregunta es: “¿Cuál es mi papel, tu papel, en este cambio?”. ¿O acaso no tienes ningún papel?
El cambio no es automático
Hay situaciones en las que tú puedes decidir qué cambiar, pero el cambio que Dios quiere obrar en tu vida no es automático. Cuando tú y yo nos convertimos al cristianismo, el dominio y la tiranía que el pecado ejercía sobre nosotros se rompieron. Ya no teníamos que pecar, pero el pecado sigue presente y no es pasivo. Y no quiere que cambies.
Sin embargo, no te desanimes. Dios no está ahí sentado diciendo: «Debes tener todo bajo control o debes ser perfecto». No, no es eso lo que sucede. Más bien, como dice la Biblia, Dios obrará en ti y te dará nuevos deseos y la capacidad para alcanzarlos.
La clave del cambio es esta: cooperar con Dios.
No me refiero a la salvación. No cooperaste con Dios en tu salvación, porque estabas muerto en ese momento. No hiciste nada para ganarte su favor. Sin embargo, en lo que respecta al crecimiento cristiano, o lo que llamamos «santificación» o «santidad», Dios te da el deseo y la capacidad, mediante la obra del Espíritu Santo, para alcanzar esos deseos, para avanzar y dar el siguiente paso en el camino. Pero tú debes dar ese paso. Dios está obrando en ti.
Pablo nos anima en Filipenses 1:6:
«Y estoy seguro de que Dios, quien comenzó la buena obra en ustedes, la continuará hasta que quede completamente terminada el día que Cristo Jesús vuelva.»
— Filipenses 1:6 (NTV)
Conclusión
Al entregar tu vida a Jesucristo, comenzaste una nueva vida. Dios te buscó, te llamó y te salvó por su gracia, no por tus propios méritos. Has sido perdonado, justificado y reconciliado con Él. Ahora eres su hijo y formas parte de su familia.
Tu bautismo es una declaración pública de esta nueva realidad. Así como Cristo murió y resucitó, tú también has dejado atrás tu antigua manera de vivir para comenzar una nueva vida en Él.
Sin embargo, esta nueva vida no significa que nunca volverás a luchar contra el pecado. El crecimiento espiritual es un proceso. Dios, por medio de su Espíritu Santo, obra en ti para transformarte, darte nuevos deseos y ayudarte a vivir de una manera que le agrade.
La buena noticia es que no caminas solo. El mismo Dios que comenzó esta obra en tu vida promete continuarla hasta completarla. Por eso, confía en Él, busca su dirección cada día y responde con obediencia a lo que te muestra en su Palabra.
A medida que avanzas en este camino, tu vida reflejará cada vez más el carácter de Jesucristo. Ese es el propósito de esta nueva vida: conocerle, seguirle y ser transformado a su imagen.